13 abril 2007

Cinco cosas que me hacen sentir bien

Eso de que para ser feliz no se necesita mucho es cierto. Por lo menos así es como me siento cuando a veces siento cosas como estas:

Vista:
Ver —y leer, claro— el periódico antes que nadie. Ver que no tiene los dobleces y las arrugas del trajín de la lectura de otras personas, verme las yemas de los dedos negros con la tinta aun fresca al finalizar su lectura, ver todo eso me hace feliz.

Olfato:
Cualquier olor que me transporte a mi infancia, como el olor de un borrador nuevo. Sí, uno de esos borradores que cuando era niño me compraban mis padres al iniciar el año escolar. Pudiera quedarme oliendo un borrador de esos por horas, me vuelve niño de nuevo y se me olvidan por unos instantes cualquiera de esas responsabilidades que tenemos lo adultos y que nos hacen olvidar las cosas sencillas. Cosas sencillas como la de oler un borrador.

Gusto:
Me gustan mucho los duraznos enlatados. Comerlos con crema de leche o leche condensada es un banquete sin igual en cada uno de mis papilas. Nunca he podido explicar como es que todo lo bueno del mundo se puede reunir en una lata que vale tres mil pesos. Soy tan feliz comiendo duraznos en lata que me da miedo. Casi nunca los compro y sólo lo hago cuando alguna circunstancia adversa me hace acudir a esa dosis de alegría enlatada. Algo así como un antídoto.

Tacto:
Tocar terciopelo es lo mejor que hay, sentir la textura de la tela debajo de las palmas de la mano, las cosquillas. No hay nada más relajante.

Oído:
Escuchar Rag Doll de Aerosmith. No es mi grupo favorito ni lo ha sido nunca, pero esta canción... Una tremenda canción con espíritu rockero y festiva a la misma vez. Una cosa rara me pasa con ella, me hace sentir vivo, me hace bailar inconscientemente, siento que puedo hacer todo lo que quiero. ¡Uff! “Rag Doll livin’ in a movie / hot tramp Daddy’s little cutie” Una canción que puedo escuchar una y otra vez sin cansarme. La voz de Steve Tyler sale sin ningún esfuerzo y la música está llena alegría. Una sonrisa al final de la canción suena como si Steve quisiera dar a entender que ha producido el mismo efecto en el que la ha estado escuchando/bailando/sintiendo. Cuatro minutos y medio de felicidad.
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