01 noviembre 2006

Odio a Botero

En esta ciudad a veces pasan cosas muy curiosas. Desde que se inventó el punk siempre se ha identificado de revolucionario, contestatario e irreverente. Sea sólo una pose o no (no soy punkero y mal haría en ponerme a hablar de lo que no sé) esa ha sido su etiqueta y por lo menos me gusta que exista un movimiento punk en Colombia y acá en Medellín.

Pues bien toda esa carreta para contar que este fin de semana se celebra Altavoz un festival de rock acá en Medellín (similar —aunque con proporciones mucha más pequeñas— al Rock al Parque de Bogotá) en el que bandas de rock tocan gratuitamente y al que fue invitada la banda bogotana de punk Odio a Botero. La muy (todavía) provinciana Medellín puso el grito en el cielo y hubo quienes escribieron a los organizadores para que cancelaran el concierto de esta banda argumentando que era un irrespeto para una de las figuras más queridas de la ciudad, Fernando Botero benefactor, filántropo y orgullo de la ciudad.

Medellín que hace algunos años busca internacionalizarse, la que en estos momentos está en construcción para amoldarse a las nuevas épocas que se avecinan, la ciudad bilingüe, la ciudad del único metro del país se escandaliza porque unos músicos (¡¡de punk!!) se vuelven irreverentes. La participación de la banda se alcanzó a cancelar pero a la postre y después de la intervención de algunas personas un poco más razonables se echó para atrás esa decisión y en definitiva sí tocarán.

Señores y señorita de Odio a Botero, en nombre de la ciudad les ofrezco disculpas por el trato que recibieron de nuestra parte y les ruego que el fin de semana cuando vengan y toquen lo hagan con toda la actitud punketa y contestataria que puedan. ¡Ah!, y además por mí que odien a Botero, a Aristizabal, a Restrepo, a Calle, a Rodríguez, a Castrillón, a Uribe, y a todos los antioqueños “ilustres” que yo no me doy por aludido.
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