12 febrero 2007

La pendejada del regionalismo

Tengo en el tintero (depende del tiempo que disponga en estos días) escribir uno o varios post sobre Medellín, que es la ciudad donde se escribe este blogcito y en la que he vivido a lo largo de estos tres pisos. No obstante no me he animado porque quisiera antes de eso sentar mi posición sobre un tema que quiérase o no está ligado a éste: el regionalismo.

No sé si usted amable lector se ha dado, por ejemplo, una pasada por los foros de eltiempo.com. Si lo ha hecho se habrá dado cuenta de un denominador común entre muchos de los que allí se presentan y es la tremenda intolerancia y evidente regionalismo que se puede percibir en muchos comentarios. Y es lógico que así suceda cuando se trata del portal más visitado (¿con un millón de visitas/día?) en un país con un regionalismo desbordante que a veces me asusta. Ya lo decía alguna vez alguno de los columnistas de opinión del país: De las razones por la que pudiera haber guerra en un país, Colombia cumple todas excepto la de guerras con orígenes religiosos o de índole regional. Bueno, yo acá agregaría que ha sido así, pero por de buenas, pues el ‘odiecito’ camuflado entre algunas regiones es más que evidente. Y entre todos ellos ‘la rabiecita’ contra los paisas es más que conocido por muchos.

Para empezar me parece evidente que la razón por la cual se han desarrollado esas animadversiones se debe al error común de generalizar a las personas de una u otra región o departamento. No es cierto que todos los paisas sean ‘avivatos’ o ‘acelerados’ así como no es cierto que los pastusos sean tontos o los costeños sean perezosos o los santandereanos sean bravos. Personas con esas características se encuentran en todos los lugares y en todas las épocas. La idea errónea de generalizar y opinar hace decir que si alguien es perezoso se diga “costeño tenía que ser” o si un paisa se gana un millón en un negocio (lícito o no) se diga “ahí están pintados”. Entonces ¿dónde dejan a todo los otros miles de costeños trabajadores, madrugadores o los miles de paisas que no han tenido éxito? Ahí están, pero como no contribuyen al lugar común, sencillamente se ignoran.

Reconozco también que poco contribuye a caer bien en otras regiones, y hablaré acá sobre el caso que conozco que es el mío, el hablar de manera pretenciosa de los logros válidos o no de la ciudad. Decir por ejemplo que Medellín es la mejor ciudad de Colombia porque hay metro me parece un argumento tan pobre que no hace falta argumentarlo. Otras veces se caen en razonamientos tan infantiles o subjetivos como decir que acá están las mujeres más bonitas del mundo, que acá están las montañas más verdes o que tuvimos el mejor arquero de fútbol. La verdad es que Medellín así como tantas ciudades en el mundo tiene fortalezas, virtudes, ventajas y a la par una cantidad de problemas y desafíos contra los cuales tiene que luchar. Ridículos son esos correos que llegan de vez en cuando en las que se señala a Medellín de ser la cuna del sicariato, de la mafia, de la corrupción o de otras cosas más cuando se ignora deliberada y maliciosamente que los mismos problemas se presentan no sólo Antioquia sino también y en general todo el país. Más ridículos todavía son las respuestas de los paisas alegando que somos los más trabajadores y que generamos no sé que porcentaje de los ingresos del país. Como sí todos los paisas fuéramos mafiosos o —en su defecto— industriales.

Quiero a mí ciudad, sí. Estoy orgulloso de su aspecto actual, sí. Pero que eso no impida que también me preocupe —así como a muchos otros— otras cosas que no son las ideales y en las que hay que mejorar cantidades. Dejemos por las generalizaciones poco provechosas y dejemos de una vez por todas esa ‘guerrita verbal’ que para decirlo claramente me parece de los más pendeja.

Ahora sí, tal vez me anime a escribir ese post sobre Medellín.
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