06 agosto 2007

Elogio al elogio

No he podido entender el razonamiento que tienen muchos de creer que todo elogio que se hace a una persona es solo ‘lambonería barata’ y que siempre el que la hace tiene el oscuro fin de lograr algo a cambio. Se reconocen cualidades de una persona pero pocas veces se le hace saber lo que uno piensa sobre ellos. Para muchos es fácil señalar los errores y defectos del prójimo e incluso es motivo de jactancia (“yo no tengo pelos en la lengua”, “es que yo no me ando con rodeos”, “es que yo soy muy frentero”) pero se vuelven incapaces para señalar cualidades y fortalezas de quien se las merece.

Me parece triste, entendible, pero triste. Entendible porque si uno se pone a ver ese pensamiento de que el hablar bien de otra persona es oscura adulación se inicia desde la infancia donde a veces padres, profesores y demás figuras de autoridad se muerden la lengua con tal de no decir ¡bien hecho!, ¡qué inteligente eres!, pero eso sí están prestos a señalar de inmediato cualquier cosa que no alcance sus expectativas. ¿Qué de malo tiene elogiar a quien se lo merece? ¿Demuestra debilidad la persona que no tiene temor de encomiar a alguien por un trabajo bien hecho?

Me gusta elogiar con sinceridad, me gusta por ejemplo señalar el mal servicio de algún establecimiento cuando no me tratan como se merece un cliente, pero me gusta también felicitar y elogiar a quien hace un poco mas de lo que le toca. Hace poco visité el antiguo edificio Vásquez y Carré del centro de la ciudad que remodeló la caja de compensación Comfama (por cierto quien viva en la ciudad y no lo conozca recomiendo hacerlo) y entre sus empleados, todos muy amables por cierto, sobresalía uno de los guardas de seguridad. Conversé con él una media hora y me explicó con una destreza que me admiró detalles de la construcción (hace más de cien años), la historia de la propiedad, cada uno de los dueños y usos a los largo de esos años y detalles sobre su remodelación. Mucha de esa información la desconocía pero algunos de esos detalles ya conocía pues siempre me había interesado por esos edificios aunque los calle pues estaba realmente intrigado y admirado por los conocimientos del vigilante. Cuando le pregunté por que sabía tantos detalles me contestó que los investigo por su propia iniciativa al darse cuenta que muchos visitantes curiosos preguntaban detalles sobre la construcción. ¿No merece un elogio una persona como esta que hace más de lo que legalmente le toca? Por supuesto, y en esta ocasión no sólo lo hice con él sino que tomé nota de su nombre y escribí un correo a sus jefes en Comfama. Me gusta pensar en la satisfacción que debió sentir cuando su jefe le comentó sobre esta nota (claro, espero que lo haya hecho)

Elogiar sin oscuros motivos de ganancia. Reconocer una habilidad, una cualidad y decir unas palabras amables. No tiene nada de malo, es más tiene mucho a favor. No es por ser diplomático, no es ser lisonjero. No estoy hablando de adulación barata. Estoy hablando de elogiar sinceramente a quien se lo merece y no guardarse esos comentarios como si fuera una señal de debilidad hacerlo.

Bueno, era eso hoy lunes. A veces puedo ponerme muy pensativo.




Publicar un comentario