27 febrero 2008

Coherencia

Hoy no estoy muy coherente que digamos. Suele pasarme y a veces mi mente pasa de tener mil ideas al mismo tiempo a no tener ni una sola en tan sólo segundos. Es más ni siquiera estoy seguro si logré hacerme entender en la frase anterior. Voy a creer que sí, y que no soy al único que le pasa.

Aún así lograr coherencia en un país como el mío es difícil. Lograr entender lo que pasa es —a mí juicio— imposible. Hoy por ejemplo liberaron a unos secuestrados la guerrilla y por supuesto todo el día las noticias giraron en torno a eso. Claro, hasta las ocho de la noche cuando las personas, por lo menos las que tengo cerca, se concentraron en un partido de fútbol. Quién sabe si todo lo que contaron los liberados será recordado mañana cuando el equipo haya perdido o ganado.

Acabo de ver en el Facebook que algunos de mis amigos se unieron a un grupo en contra del reguetón. No me uniré a él. Ya me pasó el tiempo en el que criticaba y pataleaba otros géneros de música distintos al que me gusta. Por varias razones: (1) encontré que hay vida más allá del rock y (2) no me importa qué música oiga la gente con tal de que me dejen disfrutar la mía. Que cada quién escuche lo que le plazca. Intentar acabar con un género particular es una guerra pérdida. Además ya no creo en los absolutismos.

Cambiaron la imagen del Banco de Bogotá. Ya era hora. El viejo logotipo con todo y sus horrorosas letras me transmitían la sensación de un banco listo para exprimirte completo. Ahora el logo quedo igual... es imposible de entender, aunque la fuente escogida es quizá más amable. Nada, igual no pueden engañarme.

Leo que avanza en el Congreso avanza un proyecto de ley que busca impedir el uso de ascensores para que los trabajadores bajen de peso. No, no es un chiste que bien pudiera serlo.

Lo que me hace pensar que en materia de incoherencias tampoco es que esté tan solo.


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