27 marzo 2007

Cuando llueva... mi paraguas

Esta semana cumplió este blogcito seis meses. Es decir hace seis meses estoy viviendo en el mítico piso tres, tengo treinta años y medio. Pero sólo fue hasta esta mañana que de verdad lo estoy asimilando, si puede llamársele así.

La verdad sólo lo entendí unos minutos después. Resulta que acá en Medellín está haciendo un clima de locos: Sol un día y aguaceros al otro. Esta mañana y por primera vez en treinta años use una sombrilla o para ser más exactos en este caso: paraguas. Antes de hoy jamás pensé que necesitara usar uno y mucho menos consideré la idea de cargarlo, pero lo cierto es que hoy por alguna extraña razón y a pesar de que al salir de mi casa no estaba lloviendo me lleve uno. No pudo haber sido una mejor decisión, al llegar a mi estación estaba cayendo un tremendo aguacero que pude burlar gracias a este maravilloso invento que es el paraguas. En ese momento no pensé demasiado y sencillamente me limité a caminar los cinco minutos de la estación al sitio donde trabajo dándome las gracias por haber escogido ese día para iniciarme en el uso de este objeto.

Pero un momento después pude meditarlo mejor. Hace algunos años cuando me ocurría lo mismo sencillamente empezaba a correr debajo de la lluvia sin ningún tipo de problema. Mojarme no era ningún inconveniente y mucho menos me preocupaba pescar alguna gripe ni nada de eso. Ahora todo eso me importa, no quiero mojarme, no quiero que me vean mojado, no quiero tener que esperar a que las ropas se sequen lentamente en el día, no me quiero enfermar ya me ha pasado muchas veces y por fin aprendí, y no quiero nunca más sufrir con las inclemencias del tiempo. No si puedo evitarlo. De hoy en adelante para no mojarme me protegeré con mi paraguas.

Ahora estoy acá acomodándome ya a vivir en el piso tres y llegando (tarde, pero no demasiado) al invento que vi muchas veces sobre las cabezas de muchos ‘adultos’ sin imaginarme nunca que yo también lo iba a necesitar. Lo usé hoy y no creo que vaya a haber un día de ahora en adelante que no tenga uno paraguas en mi bolso. Eso sí, nunca, jamás, de ningún modo usaré este maravilloso objeto para taparme del sol, no estoy en ese piso.

Al menos por ahora.
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