25 junio 2007

Las Marchas del Orgullo Gay


Una de las polvaredas políticas de la semana pasada tuvo que ver con el hundimiento en el Congreso a último momento de la ley que reconocía la igualdad de las parejas de homosexuales en Colombia. Disculpas de acá y de allá se escucharon pero al final de cuentas el congreso quedó en deuda con los homosexuales en algo que me parece de elemental sentido común. Bueno, cosas peores se han visto en el ‘honorable’ recinto.

Por estos días también empiezan en distintos lugares de Colombia (acá en Medellín es el 1° de julio) las archiconocidas Marchas del Orgullo Gay en las que homosexuales, travestis, bisexuales y demás se dan su vitrina cantando, bailando, posando y sonriendo por las distintas calles de algunas de las principales ciudades del mundo agitando sus banderitas multicolores.

No entiendo muy bien cuál es el objetivo de marchas como esas, qué pretenden y si logran algo en realidad. ¿Para qué sirve que mil o dos mil homosexuales se vistan de rosa, se monten en carrozas lancen besos al aire y se pavoneen delante de personas que la mayoría de las veces reprueban su estilo de vida? El mismo nombre con el que se conocen esas marchas me suena ilógico ¿cómo así que ‘Orgullo Gay’? No entiendo a esos homosexuales que se quejan de ser incomprendidos y discriminados cuando ellos mismos se prestan para eso encaramándose encima de carrozas vestidos de bóxeres rosados. ¿No han trabajado tanto tiempo para que dejen de criticarlos y discriminarlos? Modestamente les digo que la mejor manera de lograr eso no es mostrándose orgullosos y prepotentes por su opción sino tratar de mostrar la mayor naturalidad a la opción que escogieron. Es como si de acá a mañana resultaran los vegetarianos haciendo marchitas para presentar su opción de vida.

Esa actitud de superioridad de algunos homosexuales (que no de todos por suerte) es la que va a hacer que la tan anhelada igualdad y reconocimiento que hace rato reclaman se demore un poco más de lo necesario. Esas marchas en las que ellos mismos se exhiben como monos de circo en lugar de acercarlos a la sociedad en general lo que hace es alejarlos pues la gente común no soporta ver hombres vestidos de mujer o dos bigotudos dándose besos en la boca.

Bueno, por lo menos esta vez —por lo menos en Colombia— si hay una razón para marchar. Esperemos que no la vayan a desaprovechar con sus jolgorios de música electrónica.
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