03 julio 2007

Fajardo, Medellín, Política y politiqueros

No me gustan mucho los absolutismos. Me parecen nocivos desde todo punto de vista. Y sin son en política, más perjudiciales todavía. Ahí está el tremendo daño que ha hecho al país el creer que todo el que habla mal del Presidente es guerrillero o hablar bien es ser paraco. Ni lo uno ni lo otro y sin embargo hay gente que se cree toda esa basura.

Algo así está pasando en Medellín en estos momentos. Hoy por hoy criticar la actual administración es sinónimo de ser politiquero y de estar a favor de las prácticas clientelistas de algunos de los actuales candidatos a la alcaldía. La verdad es que tenemos un alcalde hace casi cuatro años que gusta y gusta bastante. El hecho de que sea un alcalde alejado en los partidos y politiqueros tradicionales se ha visto bien reflejado en el uso del dinero público y en la imagen de la ciudad en el exterior. La Medellín que recibió hace tres años y medio es bien distinta a la que entregará en seis meses. Muchísimas obras se hicieron o se están construyendo actualmente principalmente de aquellas que realmente dejan huella como escuelas, parques y bibliotecas. Una gestión que —parece— aprobó la gente pues los índices de favorabilidad superan los increíbles 95% y la verdad sea dicha casi nadie niega el salto hacia delante que dio la ciudad gracias al actual equipo de gobierno encabezado por el alcalde Fajardo.

No obstante Fajardo puede ser todo lo buen alcalde que la gente se imagine pero a estas alturas también vale la pena hacer inventario de lo que no salió del todo bien. Ahora mismo es objeto de gran controversia las famosas pirámides que mandó a hacer en la principal vía del centro de la ciudad, la Avenida Oriental. Las críticas van desde que son potencialmente peligrosas para el tránsito de pasajeros y la visibilidad de conductores hasta que sencillamente son muy feas. El asunto es que las pirámides de cemento (que pretenden hacérnoslas ver como una representación de las montañas antioqueñas) valieron casi mil millones de pesos razón por la cual incluso la Contraloría municipal ya se ha pronunciado. Y lo peor es que después un alcalde que no le guste las pirámides las mandé a quitar (ya pasó una vez: Fajardo tumbó el muro alrededor del estadio Atanasio Girardot que construyó Luis Pérez, el alcalde anterior).

Pero eso de las pirámides del centro son un piropo comparado a lo que pudiera llamarse el peor negocio hecho en toda la historia por alcalde alguno: La compra de Orbitel*. Originalmente el municipio de Medellín tenía la mitad de la empresa y la otra mitad era de la empresa privada (Bavaria y Sarmiento Ángulo). Empresarios que al ver el futuro negro que tienen las empresas de telefonía a larga distancia —no sólo acá en Medellín sino en todo el mundo— no veían la hora de vender. Y encontraron cliente, justo el Municipio de Medellín que venía mostrándole ganas al negocio con el afán de integrar todas las comunicaciones en una sola empresa (la actual UNE). La empresa contratada para realizar el estudio del negocio se llamó Teletraining famosa entre otras cosas porque el dueño de esta trabajaba precisamente en Orbitel y que al final de cuentas recomendó su compra. El precio que se pagó por Orbitel resultó en un detrimento de más de 50 millones de dólares para la ciudad según la Contraloría de Medellín. Lo paradójico del cuento es que este gol se lo metieron justo al alcalde más matemático que haya tenido la ciudad.

Eso sí no le vayan a preguntar por ninguno de estos dos casos a Fajardo (ni por el orquideorama de 4500 millones, ni por el concierto de mil millones, ni por la feria de sueldos millonarios autoconcedidos en la EPM). El alcalde descomplicado de yines sin correa monta en cólera cuando alguien se atreve a cuestionar estos temas e inmediatamente saca a relucir lo que para él son ataques de politiqueros que quieren desprestigiar su administración.

No, señor alcalde. No somos todos politiqueros. Estamos preocupados como el que más por las perspectivas poco alentadoras del que pudiera ser el siguiente alcalde. Estamos agradecidos por la excelente gestión y porque más que nunca la ciudad hoy se ve mucho más bonita y quedará mucho mejor. Pero lo que si creemos es que —a seis meses de su partida— queremos escuchar de frente y sin rodeos lo que muchos consideramos preguntas que se han quedado sin respuestas. Un ajuste de cuentas, así suene muy dura la expresión.

A fin y al cabo esa fue la política que usted nos enseñó.
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* Para ser justos compite como peor negocio también se debería incluir el de Colombia Móvil con su marca OLA
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