19 noviembre 2007

¿El fin de los cedes?

En el último blogotemático (al que por cierto no le he dado la publicidad respectiva, se llama Exhibicionismo De Copiones Frescos Y Descargas Grupales y ya puede entrar oírlo y si desea comentarlo en ese enlace) conversábamos sobre los resultados satisfactorios del atrevimiento de Radiohead en poner su último disco en la red para ser descargado por una contribución voluntaria (lo que incluye desde 0$ hacia arriba). Pues mucha gente efectivamente lo ha bajado gratis y otros han pagado por el. Al final resulta que la banda a ganado más por unidad vendiéndolo así, que si lo hubiera distribuido tradicionalmente. Lo que no significa que haya ganado más plata en total pues seguramente ha vendido menos unidades que los que pudiera vender en las miles de tiendas de discos de todo el mundo. Habrá que esperar más entonces y ver cómo le va con el lanzamiento en diciembre de la edición física de lujo de In the Raimbows

¿Porqué es significativo entonces el atrevimiento de Radiohead entonces? Porque demuestra que se puede ser creativos a la hora de encontrar otras maneras de distribuir la música y empieza a sacar —por fin— ese medio que a mí personalmente se me hace antiquísimo: El CD. Actualmente al ver gente oyendo música en la calle con audífonos piensen por un momento cuántas personas lo están haciendo usando un discman y cuantas usando un reproductor MP3. Pues en el caso de Medellín la proporción a favor de los MP3 es abrumadora y cada vez más los discman están empezando a ser piezas de museo. ¿Cuántas veces escucho música en mi casa usando el cedé físico reproducido en el minicomponente? Creo que este año una sola vez. De resto siempre escucho música en el PC. Y sé que muchas personas lo hacen de igual modo. Por mí eliminaría el cedé definitivamente.

Por supuesto eso en este momento es impensable (e imposible) pero conociendo que muchas, tal vez millones de personas, ya no usamos cedes entonces porque no nos venden música legal en ese formato en una tienda de discos. Quiero decir, voy a una tienda Tower y digo lo siguiente:

- Buenas, por favor me da las doce canciones del nuevo disco de Andrés Calamaro el unplugged en Sweden de Chris Cornell y el Volta de Björk.
- Sí, con mucho gusto ¿algo más caballero?
- No, gracias... ¡¡ah sí!! Deme también el Sino de Café Tacvba a ver qué tal, gracias.
- Por supuesto, ¿algo más?
- No, nada más. No me las empaque, me las llevo puestas.

Ya más en serio, quiero decir, al que le guste el cedé con el librito de las letras, la cajita plastica y ver el arte del disco pues que pague los cuarenta mil pesos, pero al que sólo le interese la música entonces preste pa'ca la memoria, el reproductor, el celular, la PDA o lo que sea, le cargan la música y listo pa' pintura por quince mil o veinte mil pesos.

A mi no me deja de sorprender la manera como nos roban plata las disqueras. Hace quince años cuando compré mi primer cede, doble para ajustar (The Best of The Doors) me valió unos sesenta mil pesos. Hoy si voy a comprarlo —quince años después— puede encontrase en cincuenta mil. La pregunta obvia es ¿todo eso ganaban en ese tiempo? Entonces... ¿de qué se quejan ahora? No podían esperar nada diferente que les robaran cuando eso fue lo que hicieron con nosotros por tanto tiempo. Por eso por enésima vez en este blog les digo a las disqueras que sean creativos, dejen de aferrarse al pasado, busquen maneras de vender la música que con toda seguridad que si se inventan algo mejor a lo que tienen, hasta uno deja de bajarles tanta música de la red y de pronto vuelve uno con la buena costumbre que teníamos en ese tiempo de pagar por escuchar.
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