07 febrero 2008

¡Tango!


Soy gran fan de Andrés Calamaro desde hace años. Tengo megas completos de música y videos de él en Abuelos de la Nada, de él en solitario, en los Rodriguez, otra vez en solitario y nuevamente en solitario después de su muerte y resurrección.

Después conocí a otro Calamaro, esta vez Javier y hermano de Andrés. Lo empecé a oír por solidaridad. No puedes ser fan de Andrés y decir que no te interesa oír por lo menos qué es lo que hace y cómo es que canta su hermanito menor. Y bueno, resultó que canta genial, con una voz excelente y una música que te hace creer que el apellidarse Calamaro es cargar con el sino del talento.

Pues hace un par de años Calamaro saco un disco de tangos que llevo escuchando una y otra vez en mi reproductor. Tangos, no de Andrés (que también tiene uno) sino de Javier. El disco se llama Villavicio mezcla de tangos propios y tangos clásicos e interpretado al mejor estilo del tango cantado por malevos y lunfardos de barrios de mala muerte bonaerenses.

Lo admito, me gusta mucho ese tango cantado por los hermanos Calamaro, me gusta el tango que te llega al corazón. Me gusta el tango que te hace querer ser por un momento un borrachín sin sentido en la vida que el único lugar que encuentra satisfacción es en una cantina ahogándose en el licor con un tango de fondo como banda sonora de su penosa existencia. Esa es la virtud del tango, te hace soñar y te hace tener la esperanza de que ni siquiera en el peor momento de tu vida estás solo pues siempre habrá un tanguero que sintió lo mismo que tú y que tuvo el talento de escribirlo en uno de esos tangos que duran toda la vida.
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Villavicio, lo puedes descargar acá. Por favor abstente si jamás te has sentido triste y decepcionado. Si crees que la única música que vale la pena oír ya la tienes en tu iPod o si te da vergüenza que se den cuenta que ahora estás oyendo la misma música que tu papá.



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