29 abril 2009

La 'puerca gripe'

No son días agradables para mí estos días de paranoia porcina.

Resulta que soy alérgico a los olores fuertes. Percibo un aroma de prefume muy concentrado e inmediatamente suelto el estornudo. Un estornudo de los clásicos, de los que no matan sino que te dejan aliviado y con sensación de placer. No tiene nada que ver con la gripa de los marranos. Claro, eso no lo saben los que viajan conmigo en el metro.

Hoy estornudé por culpa de un perfume malísimo que olí en el metro. Un señor del frente me miró con rabia asesina. Un niño miro a su mamá con mirada de mártir y abrazó su pierna. La señora me miró como diciéndome "¡homicida"! y se fue. La joven a mi lado -entre otras cosas la culplable de mi delicioso estornudo- se paró y se cambió de vagón. Otro señor cerquita sacó un pañuelo del bolsillo trasero y se tapó la nariz y la boca. En unos treinta segundos se formo un círculo imaginario a mi alrededor y sentí lo que debe sentir un leproso o un paria hindú.

Para nada son días agradables estos días con esta puerca gripe. Ojalá vuelvan pronto los días en que estornudar no era síntoma de contagio cerdil y yo en lugar de sentir la misma mirada que debe sentir un delantero de equipo de fútbol antioqueño vuelva a sentir la placidez y tranquilidad de estornudar con toda el alma.
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